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Suzuki Gixxer 150 ABS

Precio de la Suzuki Gixxer 150 ABS: 10.997.000 COP
Precio de venta sugerido al público incluido impuestos (IVA e Impoconsumo, si aplica) para la motocicleta Gixxer 150 FI ABS modelo 2024 en todo el país, no incluye SOAT ni matrícula.

Actualidad
¿Ambulancia salvavidas o arma para mercenarios de la salud?
Lo hemos advertido, lo hemos debatido y lo hemos denunciado una y otra vez desde las páginas de PubliMotos: las calles de nuestras ciudades se han convertido en un escenario de guerra fría donde la vida humana vale menos que una comisión que da el SOAT.

Por Daniel Acosta Aular
La reciente noticia que sacude a la capital —registrada por cámaras de seguridad en la localidad de Suba, donde una ambulancia pelea un carril con un motociclista, lo arrolla y lo deja abandonado a su suerte en el pavimento — no es un simple «choque entre actores viales».
Es el síntoma más claro de una descomposición social y sistémica que clama por justicia y control. Además, clama por, sobre el papel y la práctica, todo el peso de la ley. En este contexto, cabe preguntarse si realmente son ambulancias salvavidas o armas en las vías. ¿Qué opinan ustedes?

El video que desnuda la tragedia humana
La escena descrita por los medios como Semana estremece la conciencia de cualquier motociclista y de cualquier ciudadano con un mínimo de lógica. Además, lo peor es que no es la primera vez que sucede, si busca en Google ha sucedió repetidamente. En algunos casos, ha ocurrido además con resultados impresionantes.
Ver cómo un vehículo supuestamente destinado para salvar vidas terminó convirtiéndose en un arma en manos de estos mercenarios de la salud, tumbando a un motociclista, es indignante. Luego, se comportaron de una manera completamente inverosímil. Aceleraron y huyeron cobardemente sin prestar los auxilios mínimos. Esto, de manera increíble, es lo que ellos están destinados a hacer.
Realmente esto nos confronta con una realidad insoportable. ¿En qué momento perdimos la humanidad? ¿En qué momento los profesionales de la medicina han dejado a un lado su razón de ser?
Lo de las ambulancias en Bogotá y otras capitales toca una fibra criminal inaceptable: las mafias de los «cazasoat».
Las mafias del SOAT: el negocio del dolor
¿Cuántas veces más tendremos que presenciar el abuso descarado de las ambulancias? La norma es clara: el artículo 64 del Código Nacional de Tránsito establece que los vehículos de emergencia solo deben hacer uso de sirenas y balizas cuando se encuentren en estricta misión de emergencia.
Sin embargo, en el día a día de nuestras vías, vemos cómo la sirena es la herramienta para convertirse en el «pase VIP» con el que ambulancias piratas y comerciales esquivan los trancones. Además, esas ambulancias compiten de manera temeraria para llegar primero a la escena de un accidente. Así aseguran el jugoso incentivo económico que paga el SOAT o las clínicas aliadas por cada herido reclutado.
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Esta práctica mafiosa transforma un servicio asistencial en una cacería humana en la que el motociclista —el eslabón más vulnerable de la cadena en el asfalto— pasa a ser una simple «cuota de producción». Y cuando ocurre la desgracia, cuando la imprudencia y la velocidad criminal de estos supuestos rescatistas provocan el siniestro, operan bajo la ley del silencio y la fuga. Tal como ocurrió en este caso en Suba.
La normativa colombiana ante el abuso
Lo ocurrido no es un simple «accidente de tránsito» que se resuelve con un parte amistoso o multa; estamos frente a una cadena de violaciones normativas de extrema gravedad en tres legislaciones fundamentales de nuestro ordenamiento. Aquí cito algunos artículos que se le podrían aplicar a esta situación. No soy abogado, pero creo que los juristas podrían profundizar más en esto:
- Normativa de Tránsito (Ley 769 de 2002): El uso fraudulento de sirenas, la invasión de carriles exclusivos sin justificación médica real, y la conducción temeraria configuran infracciones gravísimas.
- Las secretarías de movilidad y los organismos de control tienen la obligación de cruzar datos. Además, deben suspender licencias y cancelar habilitaciones a empresas de ambulancias que operan al margen de la ley.
- Normativa Penal (Ley 599 de 2000 – Código Penal): El conductor que arrolla a un ciudadano y huye del lugar sin prestar asistencia incurre presuntamente en el delito de omisión de socorro (Artículo 131), agravado además por las lesiones personales culposas (o incluso dolo eventual según las circunstancias de la maniobra imprudente). Por otra parte, la justicia penal militar u ordinaria, según corresponda, debe actuar con celeridad para que la fuga de un accidente de tránsito deje de ser una estrategia de impunidad.
- Responsabilidad Civil Extracontractual (Código Civil – Artículo 2341): Tanto el conductor material como la empresa propietaria de la ambulancia están inmersos en la obligación de indemnizar integralmente los daños materiales y morales causados. Esto se debe a la actividad peligrosa que implica la conducción de un automotor de emergencia fuera de los protocolos legales.

Un llamado a la conciencia y al orden
No podemos seguir normalizando la ley y decir que es cotidiano por vivir en una selva en las calles. Como actores viales, instructores y dolientes del motociclismo en Colombia, exigimos a las autoridades distritales y nacionales —a la Secretaría de Movilidad, a la Superintendencia Nacional de Salud y a la Policía Nacional— una intervención implacable contra las empresas de ambulancias fachada que lucran con la desgracia ajena.
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El respeto en la vía no es un favor que se pide, es una obligación constitucional y ética. Un motociclista en el suelo no es una estadística ni un botín económico; es un padre, un hijo, un trabajador o un ciudadano que merece el respeto absoluto a su vida. ¡Basta ya de mafias en las ambulancias y de impunidad en las vías de Colombia!
¿Qué opina? Los leo.
Actualidad
El problema de salir bajo la lluvia y usar visor e impermeable
El tráfico detenido, las luces de los carros convertidas en manchas brillantes y una capa de vapor blanco dentro de mi propio casco que me impide ver a tres metros. Quienes rodamos en Bogotá especialmente, sabemos que cuando cae un aguacero, el verdadero peligro no es solo el asfalto mojado, sino la ceguera absoluta dentro del casco. Esta ha sido mi experiencia enfrentando el agua y lo que aprendí para no rodar a ciegas en mis trayectos.

Rodar en moto por Bogotá exige estar preparado para cuatro estaciones en un solo día. Si alguna vez te has preguntado cómo manejar moto bajo la lluvia con visor e impermeable, aquí entenderás a lo que me refiero. No importa la hora: puedes salir a hacer una diligencia a las 10:00 a.m. o regresar a casa a media tarde y en cuestión de tres semáforos el cielo se cae. Con la temperatura baja de la ciudad y la respiración agitada en medio del tráfico, el visor de mi casco se transforma instantáneamente en una pared blanca de vapor.

Intentar levantar la visera unos milímetros parece la solución obvia, pero la realidad en la calle es cruel: el agua helada me entra directo a los ojos, las gotas picantes del viento me obligan a parpadear y el interior del casco termina empapado, sin mencionar el agua que salpican los carros y motos que van adelante. Estaba atrapado entre sofocarme sin ver o mojarme los ojos y quedar igual de ciego.
Puedes leer: ¿Usar o no exploradoras? el dilema nocturno de quien no las usa
El peligro de ver «borroso» entre luces y reflejos
Rodar bajo la lluvia en la ciudad ya es un desafío por los charcos que esconden huecos profundos y las trampas de la vía, pero el visor empañado multiplica el riesgo:
- El efecto «mancha de luz»: Cuando la cara externa del visor se llena de gotas de agua mezcladas con la grasa del asfalto y la cara interna se empaña, los stops de los carros y los semáforos se convierten en un resplandor gigante que borra el carril.
- El error de pasar la mano por el visor: En la desesperación del semáforo he pasado el guante húmedo por fuera. Grave error: se crea una capa grasosa que hace que los reflejos sean aún más distorsionados.
- Pérdida de visión periférica: Para intentar ver algo, me veo obligado a inclinar la cabeza hacia abajo buscando un espacio limpio en la parte superior del visor, perdiendo por completo la atención al entorno.

Lo que me ha funcionado (y la realidad de los productos antiempañantes)
Aún no he comprado la lámina Pinlock, aunque no me falta la curiosidad de probarla alguna vez a ver si cumple todo lo que promete. Por ahora, mi batalla diaria contra el vapor la he dado a punta de productos líquidos y sprays antiempañantes aplicados en la cara interna del visor.
¿La verdad sobre estos productos? No son mágicos, pero salvan la patria a medias.
En mi experiencia, de cada tres aguaceros fuertes en los que salgo de trabajar, el producto funciona bien en dos. Cuando la humedad es extrema o la lluvia es un torrencial absoluto, termina cediendo y la condensación le gana la pelea al químico. Aun así, aplicarlo seguidamente es mucho mejor que andar a ciegas.
Para la parte externa del visor, el truco que mejor me ha servido es usar un poco de repelente de agua para vidrios: al rodar a cierta velocidad, permite que las gotas resbalen más rápido con el viento y no se queden estancadas distorsionando la luz.
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Mi traje de lluvia: el problema de elegir uno
El visor no era mi único problema; el otro lado del problema se encuentra en el impermeable. El primero que usé era justo como lo buscaba: grande, que me permitiera moverme con facilidad y ante todo, me mantuviera lo menos mojado posible, el único inconveniente de ese traje era la protección de los zapatos. Poco amigables, una suela muy delgada y con cualquier mal movimiento, la tela se quemaba con el exhosto o se enredaba con el freno trasero.

Cambiar a otro impermeable me generó otro contraste: esta vez logré conseguir unos zapatones a medida, que se abrochan a la altura de la pierna y con costuras termoselladas. Solucionado ese inconveniente, pero ahora el problema radica en la chaqueta que resultó ser un material mucho más delgado y hasta en talla es más pequeño. Hasta para escoger un buen impermeable se necesita un ojo clínico, como cuando se compra ropa o zapatos. Eso si, en ambos casos he corrido con la suerte de que han tenido buenas cintas reflectivas.

Llegar a casa seguro no es cuestión de suerte
Rodar en moto por una ciudad con el clima tan impredecible como Bogotá requiere estar listo para cualquier sorpresa. Aunque sigo buscando la fórmula perfecta y no descarto probar el Pinlock más adelante, hoy sé que mantener el visor limpio, aplicar su producto antiempañante con frecuencia y llevar un buen equipo de lluvia son mi seguro de vida para moverme seguro sin importar la hora a la que caiga el agua.
¿Te ha tocado vivir la pesadilla del visor empañado en Bogotá? ¿usas productos antiempañantes o te pasaste al Pinlock? y ¿qué es lo que más te importa a la hora de tener un impermeable? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios.
Actualidad
¿Usar o no exploradoras? el dilema nocturno de quien no las usa
Para quienes rodamos de noche tras una larga jornada laboral, el verdadero peligro en la vía no son solo los huecos o la lluvia: son los haces de luz cegadores que vienen de frente. Aunque no uso exploradoras en mi moto, sufro a diario el exceso y la mala alineación de las luces ajenas al regresar a casa. ¿En qué momento la seguridad de un motociclista se convirtió en el riesgo del otro?

Para quienes trabajamos de 8:00 a.m. a 5:00 p.m. detrás de un escritorio, el debate de las luces en las motos puede parecer un simple capricho estético. Sin embargo, surge la pregunta de usar o no exploradoras en la noche, especialmente para miles de motociclistas en Bogotá y las principales ciudades del país que apagan el computador, marcan tarjeta o entregan el último pedido pasadas las 7:00 de la noche, la historia en el asfalto es completamente distinta.
A esa hora la ciudad cambia, se transforma. El tráfico de la hora pico se mezcla con la penumbra, la lluvia impredecible y un alumbrado público que en amplios sectores parece de adorno. Rodar a ciegas no es una metáfora: es la rutina diaria para regresar a casa. Rutina que en muchas ocasiones se convierte en una odisea.




Por experiencia propia sé lo difícil que puede llegar a estar en esta situación. Además, desde que uso moto siempre, siempre he tenido la costumbre, y que es innegociable, tener el visor del casco cerrado, no importa la hora que sea. Y hago relevancia en este punto. He visto mucho motociclista que, sin importar la hora, usan el visor abierto. Puede que “sirva” este método en las noches para tener un poco más de claridad visual, o por lo menos distinguir formas. No obstante, esto se convierte en un problema de seguridad personal.
Puedes leer: Encontramos un detalle en la Suzuki Gixxer 250
Aparte, nunca me he decidido a comprar exploradoras para mi moto. Esto es porque para usar en ciudad lo veo como un gasto más que una inversión. No obstante, entiendo el problema que se convierte manejar en una ciudad como Bogotá, que tiene todos los niveles de dificultad para manejar después de las 7:00 pm.
La oscuridad del camino a casa: huecos que no se ven a tiempo
Todos los que salimos de trabajar de noche, o que va a trabajar de noche, nos enfrentamos a una carrera de obstáculos. Las farolas de fábrica de 35 vatios o sistemas halógenos convencionales apenas logran iluminar un par de metros adelante en calles oscuras. Por ejemplo, si eres de los que transita por zonas como la avenida NQS entre la calle 11 sur y la avenida 1 de Mayo en Bogotá, entenderás de lo que hablamos.
- Los huecos «invisibles»: a 50 km/h, una farola tenue da menos de un segundo de reacción ante un cráter en la vía, una tapa de alcantarilla robada o un derrame de aceite. En mi caso particular, me ha tocado frenar de emergencia prácticamente sobre un hueco a menos de 30 cm de distancia.
- El peligro de la lluvia: cuando el asfalto se moja, la luz blanca o tenue de la moto es «absorbida» por el agua. El conductor rueda prácticamente a ciegas, adivinando el trazado de la calle. Y si la lluvia es de aquellas que no tuviera fin, se vuelve que en un reto tratar de ver el camino con la poca luz de la moto. Además, tratar de tener la distancia frente a otros usuarios de la vía, sin mencionar la poca visión que da el visor cerrado bajo estas condiciones climáticas.
- Vehículos sin luces: biciusuarios sin reflectivos, peatones cruzando por zonas oscuras y carros con los stops fundidos son fantasmas que solo se detectan si la moto cuenta con un buen haz de luz. Por esto, se hace mucho más relevante la atención al 100% en la vía.
Es en ese momento, tras una jornada agotadora de trabajo, cuando el motociclista decide invertir de su propio bolsillo en un juego de exploradoras LED. No por lujo, no por «asustar» carros, sino por puro instinto de supervivencia. Pero acá es donde aparece otro gran problema.

El dilema del motero: entre la seguridad y el temor al comparendo
Instalar exploradoras le devuelve al conductor la tranquilidad de ver por dónde rueda. Sin embargo, en el camino de regreso a casa aparece el segundo gran temor de la noche. Se trata de la retención en un puesto de control de tránsito.
Muchos motociclistas terminan pagando comparendos o enfrentando inmovilizaciones por no saber cómo equipar su vehículo correctamente. El problema no es querer ver mejor, sino cómo se instala esa luz auxiliar:
- El error de encandilar al compañero de vía: Una exploradora mal alineada apunta directamente a los ojos del conductor que viene de frente o al espejo del carro de adelante. El cansancio de la noche hace que ese deslumbre sea peligroso para todos. Esto me sucede a diario. Tengo que mover la mirada para que la luz no me de directamente a los ojos por el reflejo del retrovisor. Se convierte hasta en un ejercicio de estiramiento de cuello.
- El switch que salva el bolsillo: Usar las exploradoras dentro de avenidas bien iluminadas es innecesario y llama la atención de las autoridades. Por eso, la clave está en tener un interruptor independiente para encenderlas solo cuando la vía se torna verdaderamente oscura. Esto sería lo ideal. Sin embargo, no todos los motociclistas piensan de la misma manera y no piensan en el otro actor vial con el que se van a cruzar; primer yo, segundo yo y tercero yo.

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¿Qué dice la ley y cómo deberíamos convivir en la vía?
El Código Nacional de Tránsito sanciona el uso de luces no reglamentarias o instaladas de forma que deslumbren a otros conductores.
«Dentro del perímetro urbano se usará la luz media, y se podrá hacer uso de luces exploradoras orientados sólo hacia la superficie de la vía, cuando éstas estén colocadas por debajo de las defensas del vehículo o cuando se trate de unidades integradas por el fabricante en el conjunto de luces frontales del vehículo.» Artículo 86 del Código Nacional de Tránsito Terrestre.
Sin embargo, más allá de la presencia de un agente de tránsito o un comparendo, la solución pasa por la cultura y la empatía:
- Si usas exploradoras: úsalas solo en carretera desolada, destapados o niebla densa. Si ves que viene alguien de frente (carro, moto, bici o peatón), bájalas o apágalas.
- Alinea tu haz de luz: ajusta tus luces auxiliares para que apunten a los primeros 10 metros de asfalto frente a tu rueda. No deben apuntar a la cara del motero que viene a trabajar al lado tuyo.
- Si eres la víctima: evita mirar fijamente la luz del vehículo que te encandila. En lugar de eso, dirige la mirada levemente hacia la línea blanca de la derecha para no perder la referencia del carril mientras pasa.

Tres consejos de supervivencia para el motero nocturno
Si la jornada termina de noche y se requiere mejorar la iluminación de la moto para rodar seguro, la recomendación técnica es clara:
- Apunta hacia el suelo, no al horizonte: las exploradoras deben iluminar los primeros 10 a 15 metros de asfalto frente a la rueda delantera. Este es el lugar donde están los peligros inmediatos.
- Los tonos amarillos funcionan bien en lluvia: si la ruta de regreso a casa incluye niebla o lluvias constantes, los lentes amarillos cortan la densidad del agua mucho mejor que la luz LED blanca.
- Mantén la visibilidad en 360 grados: una buena luz delantera no sirve de nada si por detrás nadie te ve. Un impermeable con cintas reflectivas en buen estado y una luz de stop potente son tan vitales como las exploradoras.

Conclusión
Para el trabajador sobre dos ruedas, la luz no es un accesorio: es su escudo protector contra la mala infraestructura y los imprevistos de la noche. Por otro lado, entender la norma, alinear bien los faros y actuar con empatía hacia los demás conductores es la forma más inteligente de garantizar que tras una larga jornada, el regreso a casa sea seguro y sin contratiempos.
Rodar de noche en Colombia ya es suficientemente exigente como para sumarle el peligro de cegarnos entre nosotros. La verdadera fraternidad motera también se demuestra en los detalles: iluminar el camino propio sin apagar la visibilidad del compañero de vía.
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