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Suzuki Gixxer 150 ABS

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La Gixxer 150 ABS ahora viene con tecnología avanzada de inyección de combustible y un sistema de frenos antibloqueo (ABS) controlado electrónicamente que produce una fuerza de frenado estable en diversas condiciones de la superficie de la carretera. El sistema ayuda a evitar el bloqueo de la rueda cuando se produce un cambio repentino en la superficie de la carretera durante el frenado o cuando se aplica una fuerza de frenado excesiva

Precio de la Suzuki Gixxer 150 ABS: 10.997.000 COP

Precio de venta sugerido al público incluido impuestos (IVA e Impoconsumo, si aplica) para la motocicleta Gixxer 150 FI ABS modelo 2024 en todo el país, no incluye SOAT ni matrícula.



Actualidad

QJ Motor SRT 600 SX en Colombia: ¿Promesa o realidad?

Con el anuncio de la nueva SRT 600 SX, QJ Motor busca revitalizar el segmento de las medianas cilindradas en Colombia equipando componentes de primer nivel como suspensiones Marzocchi y frenos Brembo. Sin embargo, entre la expectativa por su precio definitivo y la urgente necesidad de consolidar una red de repuestos y posventa real, la marca importada por Carrera Motos debe demostrar en las calles que sus promesas superarán los fantasmas del pasado.

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Por Karim Chalá

QJ Motor. Ahora sí, revivió los 600 centímetros cúbicos. Efectivamente, la marca china representada en Colombia informó que la nueva SRT 600 SX estaría disponible en nuestro país.

De antemano hay que decir que todavía no se ha confirmado el precio. Sin embargo, estamos hablando de una motocicleta de 554 centímetros cúbicos, con una potencia máxima de 55 caballos a 8.250 revoluciones y 54 newton-metros a 5.500 vueltas. Todo está sobre un chasis con una orientación bastante aventurera, acompañado de suspensión Marzocchi adelante, frenos Brembo, ABS y control de tracción.

Atrás tenemos un monoamortiguador. Además, encontramos elementos como modos de conducción y pantalla TFT. Así que en general estamos frente a un paquete tecnológico bastante completo para este segmento.

Una propuesta adventure con vocación viajera

El diseño también me parece interesante porque conserva esa tendencia que ya conocemos dentro de las marcas chinas. Estas marcas ofrecen motocicletas cada vez más elaboradas visualmente y con componentes que hace algunos años eran mucho menos comunes. En lo personal, incluso me recuerda ligeramente a lo que KTM hizo con su gama Adventure. Solamente que aquí tenemos una interpretación mucho más sencilla.

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Conserva el estilo aventurero, incluye protección para el motor, rines de radios y rueda delantera de 19 pulgadas. Aunque, a diferencia de otras SRT, esta parece estar mucho más orientada a carretera y turismo. Por eso deja el uso fuera del asfalto para caminos destapados ocasionales.

El reto de consolidarse en Colombia

Sin embargo, aquí empiezan los problemas. El primero, y creo que el más importante, es que a cierre de agosto QJ Motor todavía está en una etapa muy temprana de consolidación en Colombia. Puede que las motos estén siendo apetecidas y que existan personas interesadas en ellas. Sin embargo, hasta que comiencen a aparecer las matrículas de manera consistente no vamos a tener datos reales que nos permitan saber cómo está funcionando la marca en nuestro mercado.

De hecho, mientras todavía estamos esperando que sus primeros productos se consoliden, QJ ya está anunciando dos motocicletas adicionales. Estas son la SRT 600 y la SRK 421, que sobre el papel resultan bastante atractivas.

El precio será fundamental

El segundo problema es el precio. Actualmente tenemos la SRT 450 RX en $34 millones y la SRT 800 RX en $43 millones. Por lo tanto, esta 600 tendría que ubicarse necesariamente en algún punto intermedio. Ahí es donde puede ser difícil encasillarla, porque las cilindradas están relativamente cerca. Aunque también hay que reconocer que la propuesta es diferente: mientras las otras parecen tener una orientación un poco más marcada hacia el off-road, esta 600 parece pensada para quien quiere viajar principalmente por carretera. Además, permite tener la posibilidad de salir ocasionalmente del asfalto.

El problema es que todavía no sabemos cuánto va a costar y ese precio va a ser fundamental para entender dónde realmente tiene sentido dentro de la gama.

El fantasma de una salida anterior

Y sigo teniendo ese pequeño miedo con QJ Motor. No porque las motos no me gusten, todo lo contrario. La marca está llegando con productos bastante atractivos, motores de buena cilindrada, componentes reconocidos y mucho equipamiento. Además promete repuestos, puntos de venta y servicio.

Carrera Motos asumió la importación de QJ Motor en Colombia y la compañía está construyendo su estructura comercial. Por eso, por más presencia internacional que tenga y por más que hablemos de una compañía grande, aquí todavía tiene que demostrar que llegó para quedarse.

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La posventa será la prueba definitiva

Porque una cosa es tener una buena ficha técnica y otra muy diferente es responderle al propietario cuando necesita un repuesto, un mantenimiento o una garantía. Eso es precisamente lo que todavía falta por ver. Para mí, será mucho más importante que cualquier cifra de potencia o cualquier componente firmado por una marca reconocida. QJ Motor está prometiendo mucho, pero todavía tiene que empezar a demostrarlo en las calles colombianas.

Expectativas altas, resultados pendientes

Por ahora, mis expectativas son altas. La SRT 600 SX me parece interesante, la SRK 421 también. Me gusta que nuevamente aparezcan motocicletas alrededor de los 600 centímetros cúbicos. Este es un segmento que durante los últimos años perdió bastante protagonismo.

Pero todavía falta ver las matrículas, la respuesta del mercado y, sobre todo, cómo funciona esa estructura que están prometiendo. Así que sí, QJ Motor está haciendo muchas cosas interesantes, pero en este momento sigo sintiendo que estamos viendo más promesas que resultados. Y justamente eso es lo que toca esperar.

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Salir a rodar el fin de semana le reinicia la mente al motero

Entre el tráfico diario, las metas laborales y el estrés de la semana, la cabeza termina saturada. Para quienes amamos las dos ruedas, el fin de semana no es solo para descansar en cama: es la oportunidad de ponerse el casco, salir a carretera, tomarse un café en la vía y sentir cómo el viento y las curvas borran de golpe las preocupaciones de la rutina.

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Quien no monta en moto suele ver nuestro vehículo como una simple herramienta de transporte: un aparato eficiente para esquivar el tráfico urbano de lunes a viernes y llegar de un punto A a un punto B. Pero quienes llevamos la gasolina en las venas sabemos que cuando llega el domingo temprano, la moto se transforma en algo completamente distinto: en nuestro espacio de libertad y desahogo personal. Salir a rodar en moto los domingos es una experiencia que va mucho más allá del simple trayecto, es una tradición para muchos de nosotros.

Salir a la carretera un fin de semana no es una decisión de logística, es una necesidad del espíritu.

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La concentración absoluta: Cuando el casco se vuelve un refugio

En la vida cotidiana la mente salta de un problema a otro: los correos pendientes, las deudas, las noticias y las exigencias del trabajo. Sin embargo, al abrocharse el casco y poner la primera marcha para salir a la carretera, ocurre un fenómeno psicológico fascinante: la hiperconcentración.

Sobre la moto no hay espacio para pensar en el informe del lunes o en los problemas de la semana. La conducción exige presencia absoluta en el momento presente:

  • El ritmo del trazado: Evaluar el ángulo de la siguiente curva, sentir la inclinación, moderar la presión del freno y dosificar el acelerador.
  • La lectura del entorno: El olor del bosque, el cambio de temperatura al subir la cumbre, el sonido del motor en su zona óptima de torque.
  • Cero distracciones: Dentro del casco el celular no suena en la mano y las notificaciones quedan suspendidas. Se crea una meditación activa a 80 kilómetros por hora.

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La fraternidad en la ruta: El saludo que no necesita palabras

Hay algo mágico en la cultura biker que difícilmente se encuentra en otros espacios de la vida moderna. Cruzarse con otro motociclista en la carretera y recibir un saludo con la mano o un gesto con la cabeza (sin siquiera saber su nombre, su profesión o su origen) nos recuerda que pertenecemos a una comunidad.

Parar a mitad de la ruta a tomarse un café, un caldo o comerse una arepa en un paradero de carretera genera conversaciones espontáneas entre desconocidos que comparten la misma pasión. No importa el cilindraje, la marca ni el modelo de la moto: el respeto por la ruta es el mismo para todos.

Volver a casa con el tanque lleno y la mente despejada

Regresar el domingo por la tarde con el cuerpo cansado por el esfuerzo físico de la ruta, pero con la cabeza liviana, es una de las mejores sensaciones que existen. La moto no elimina los problemas de la vida diaria, pero nos devuelve la claridad mental y la energía necesarias para afrontarlos con una perspectiva renovada.

Para el motero de corazón, rodar el fin de semana no es un lujo ni un pasatiempo superficial: es la terapia sobre dos ruedas que nos reinicia la vida.

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Motos en Colombia: ¿El empleo real supera los 130.000 puestos?

El empleo industrial es apenas la primera capa de una economía que también incluye ingresos, ahorro, acceso al trabajo y movilidad.

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Por Karim Chalá

Las motos generan mucho más empleo del que parece. Esa es precisamente la conclusión a la que deberíamos llegar después de conocer que la industria de motocicletas genera en Colombia 130.206 empleos. La cifra, presentada a partir del informe de Impacto Social 2025 de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI, incluye los empleos directos e indirectos de las ensambladoras y toda la cadena de comercialización, distribución, servicio técnico y posventa. De esos 130.206 puestos, 24.494 están relacionados con las ocho ensambladoras afiliadas a la ANDI y otros 105.712 corresponden a actividades como concesionarios, talleres, repuestos y distribución.

La cifra cuenta solo una parte del fenómeno

Pero voy a decir algo que puede sonar un poco fuerte: 130.000 empleos me parece una cifra irrisoria frente a lo que realmente representa la motocicleta en Colombia. No porque el dato de la ANDI esté mal, sino porque estamos midiendo solamente una parte del fenómeno. Estamos contando a las personas que trabajan alrededor de la industria, pero no necesariamente a todas aquellas que utilizan una motocicleta como herramienta para producir ingresos. Y ahí es donde, en mi opinión, cambia completamente la discusión.

Porque una motocicleta no termina su impacto económico cuando sale del concesionario. Ahí es cuando realmente empieza.

Cuando la moto se convierte en herramienta de trabajo

Una moto puede ser utilizada por una persona que trabaja haciendo domicilios, por alguien que transporta pasajeros, por un mensajero, por un técnico que visita clientes, por un comerciante que necesita desplazarse entre municipios, por una persona que trabaja en seguridad, por alguien que transporta productos, por un trabajador independiente o simplemente por una persona que necesita llegar todos los días a su lugar de trabajo sin gastar una parte importante de su ingreso en transporte público.

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Y aquí tenemos que recordar algo que muchas veces se pierde cuando hablamos de las motocicletas únicamente como vehículos: para millones de colombianos la moto es un activo.

No es solamente el vehículo que los lleva de la casa al trabajo.

Es la herramienta con la que pueden trabajar.

La forma de llegar a un empleo al que antes no podían acceder fácilmente.

Es la posibilidad de hacer una actividad adicional después de la jornada laboral.

Y en muchos casos también es una forma de ahorrar.

Un activo especialmente relevante para los hogares populares

La propia industria ha encontrado que la motocicleta tiene un peso especialmente importante en los hogares de menores ingresos. De acuerdo con información de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la ANDI, más del 90% de los hogares que tienen motocicleta pertenecen a estratos bajos y medios-bajos. El mismo informe señala que para muchos de estos hogares la moto representa un medio accesible de transporte y, en algunos casos, incluso el primer patrimonio adquirido por una familia.

La economía que empieza después del concesionario

Entonces, cuando hablamos de los 130.000 empleos, yo creo que estamos hablando de la primera capa de una economía mucho más grande.

Porque una cosa es decir que hay 130.206 personas trabajando en la industria y otra muy diferente es preguntarnos cuántas personas dependen económicamente de que una motocicleta funcione.

Ahí aparecen los domicilios. Aparecen los trabajadores de plataformas, los mensajeros,los pequeños comerciantes. Están los talleres independientes. Hay quienes venden accesorios, llantas, lubricantes y repuestos, quienes lavan motos, quienes las transportan, los instructores, los seguros, las financieras. Aparecen los trabajadores que utilizan la moto para desplazarse todos los días y que, gracias a ella, pueden aceptar un empleo más lejos de su casa.

Y esto último también tiene un valor económico que es muy difícil de meter en una sola cifra.

Más de un millón de nuevos activos de movilidad

En 2025 Colombia registró 1.100.166 motocicletas nuevas, de acuerdo con las cifras de ANDI y Fenalco. Es decir, en solamente un año entraron al país más de 1,1 millones de nuevos activos de movilidad.

Ahora hagamos un ejercicio muy sencillo, solamente para dimensionar la magnitud y no para decir que esa es la cantidad exacta de personas beneficiadas.

El DANE calcula que en Colombia el hogar promedio está compuesto por 2,86 personas. Si cada una de esas 1,1 millones de motocicletas nuevas de 2025 estuviera asociada a un hogar diferente, estaríamos hablando de aproximadamente 3,15 millones de personas vinculadas a esos nuevos vehículos. Claro, esto es solamente una aproximación matemática: hay hogares que tienen más de una moto, personas que compran una segunda motocicleta, empresas que adquieren vehículos y motocicletas que se utilizan directamente para actividades comerciales. Por eso no podemos decir que 3,15 millones de colombianos se beneficiaron de las motos nuevas de 2025. Pero sí nos ayuda a entender que estamos hablando de una escala completamente diferente a los 130.000 empleos de la cadena industrial.

Millones de hogares y trabajadores dependen de una moto

Y si ampliamos la mirada al parque existente, la dimensión es todavía mayor. Para 2023, la industria estimaba que 4,894 millones de hogares colombianos tenían motocicleta y que el 33,7 % de los usuarios la utilizaba para trabajar, aumentar sus ingresos o combinar transporte y trabajo. Ese mismo estudio calculaba que las motocicletas empleaban a más de 2,6 millones de personas.

Pero hay cifras todavía más recientes.

En 2026, un reporte basado en la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del DANE señaló que más de 6,16 millones de hogares colombianos tienen al menos una motocicleta y que más de 13 millones de personas dependen de este vehículo para trabajar. El mismo reporte indica que el 95,1 % del parque está en hogares de estratos 1, 2 y 3.

Y ahí está, para mí, la verdadera discusión.

Comprar tiempo, movilidad y capacidad de generar ingresos

Cuando alguien compra una moto, no necesariamente está comprando simplemente un vehículo. Puede estar comprando tiempo, movilidad y, en algunos casos, capacidad de generar ingresos.

Una persona que antes gastaba diariamente una cantidad importante de dinero en transporte puede utilizar la moto para reducir sus costos de desplazamiento. Otra persona que vivía limitada por las rutas y horarios del transporte público puede ampliar el radio en el que busca trabajo. Y una más que ya tiene empleo puede utilizarla para generar ingresos adicionales. Y una persona que trabaja directamente con la moto puede convertir ese vehículo en una herramienta productiva.

Eso también es economía.

Y muchas veces esa parte no aparece en las cifras de empleo.

De hecho, un estudio de la industria ya había estimado que la motocicleta genera ahorros importantes en los costos de movilidad de los hogares. En un estudio anterior se calculó que los hogares con moto podían ahorrar miles de millones de pesos al año frente al uso del transporte público, aunque esas estimaciones corresponden a metodologías y años diferentes y no deberían trasladarse directamente al mercado actual.

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Una cadena industrial grande, pero no suficiente para explicar el impacto

Por eso creo que cuando hablamos de las motos en Colombia tenemos que dejar de pensar únicamente en las ensambladoras.

Sí, hay 130.206 empleos vinculados con la industria y la cadena comercial. Sí, hay 2.935 puntos de venta, 2.548 centros de servicio autorizados y más de 20.000 establecimientos de repuestos y accesorios. Todo eso es importante y demuestra que detrás de una moto existe una industria bastante grande.

Pero después de que esa moto sale del concesionario comienza otra economía mucho más difícil de medir.

Los 130.000 empleos son apenas el comienzo

Entonces, cuando escucho que las motos generan 130.000 empleos en Colombia, mi primera reacción no es pensar que sean pocos empleos. Es pensar que estamos contando solamente una parte de la historia.

Porque si en un país se venden más de un millón de motocicletas nuevas al año y ya existen millones de hogares que tienen una, no estamos hablando simplemente de una industria que fabrica y vende vehículos. Estamos hablando de un activo que entra directamente a los hogares y que puede convertirse en medio de transporte, herramienta de trabajo, mecanismo para reducir gastos y, en algunos casos, fuente directa de ingresos.

Y ahí es donde creo que está el verdadero tamaño de la economía de la motocicleta en Colombia.

Los 130.000 empleos son importantes. Pero la moto que está afuera de la fábrica, rodando por una calle, llegando a un domicilio, llevando a alguien al trabajo o permitiendo que una familia se mueva todos los días, tiene un impacto económico muchísimo más grande y mucho más difícil de medir.

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