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Sube precio de gasolina en Colombia. Aliste el bolsillo, así quedan los costos

Se acabó la tregua. El presidente Gustavo Petro anunció de tajo que el Gobierno no pondrá un solo peso más para subsidiar el combustible en Colombia. De ahora en adelante, el precio quedará a merced del mercado internacional y de las guerras en Medio Oriente. Para el motociclista de a pie, el que vive del día a día, tanquear se convertirá en un lujo insostenible.

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El fantasma de los aumentos mensuales en las estaciones de servicio no solo regresó, sino que llegó para quedarse. En un reciente consejo de ministros, el presidente Gustavo Petro fue categórico y lanzó un balde de agua fría a millones de conductores en el país: el Estado no volverá a subsidiar la gasolina. Con esta decisión, el precio del galón en Colombia queda amarrado a la volatilidad del petróleo mundial, cerrando una de las políticas económicas más polémicas de su administración.

«Si sube el precio internacional, sube el precio de la gasolina. Si baja, pues baja. Porque al subsidiar combustibles fósiles estamos destruyendo el programa de transición energética», sentenció el mandatario sin titubeos.

El calvario del motociclista y el «colombiano de a pie»

Mientras en los despachos del Ministerio de Hacienda se celebran las victorias fiscales, en las calles la realidad es otra. Para el Gobierno, quitar el subsidio es tapar un hueco económico; para el ciudadano común, es tener que decidir entre tanquear la moto o llevar la comida a la casa.

Pensemos en el trabajador de a pie, en el domiciliario, en el mensajero o en el empleado que se compró una moto de 125 cc porque el sistema de transporte público de su ciudad es indigno o inseguro. Para este sector de la población, la moto no es un lujo dominguero, es una herramienta de supervivencia.

Hagamos memoria: en el transcurso del cuatrienio del presidente Petro, el precio de la gasolina ha subido cerca de $8.000 pesos. Esto significa que llenar el tanque de una motocicleta promedio cuesta hoy prácticamente el doble de lo que costaba hace cuatro años. Este incremento en cascada no solo encarece la movilidad, sino que golpea el costo de los fletes, los alimentos y la canasta familiar básica, asfixiando al estrato medio y bajo.

El hueco fiscal y la guerra: las excusas del Gobierno

El presidente ha sido reiterativo en que mantener la gasolina barata de forma artificial generó un déficit multimillonario en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). Según su visión, ese dinero estatal no puede seguir quemándose en los exostos de los vehículos cuando debería invertirse en programas sociales y energías limpias. «Repetimos el error y ahí sí quiebra el Estado colombiano», advirtió.

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A este panorama local se suma un escenario geopolítico sombrío. Petro fue claro al señalar que no ve una caída próxima en el precio del petróleo debido a la inestabilidad global, mencionando específicamente las tensiones con Irán y los bloqueos en el estrecho de Ormuz, una de las arterias petroleras más críticas del planeta. Si allá estalla un misil, aquí en Colombia el motociclista pagará la factura en el surtidor.

Veredicto PubliMotos

Es innegable que el déficit fiscal del FEPC (heredado de administraciones pasadas) era una bomba de tiempo que alguien debía desactivar, pero la cura está matando al paciente. Soltar el precio de la gasolina a las garras del mercado internacional sin ofrecer una red de apoyo real, incentivos de chatarrización efectivos o subsidios focalizados para quienes usan la motocicleta como medio de trabajo, es una medida indolente.

Hablar de transición hacia «energías limpias» suena hermoso en los foros internacionales, pero en las calles de Colombia, donde una moto eléctrica asequible y con buena autonomía sigue siendo un privilegio, esta decisión es una condena a la clase trabajadora.

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