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Suzuki V-Strom 250

Precio de la Suzuki V-Strom 250: 26.761.000 COP
Precio de venta sugerido al público incluido impuestos (IVA e Impoconsumo, si aplica) para la motocicleta V-Strom 250 modelo 2024 en todo el país, no incluye SOAT ni matrícula.

*La presente ficha técnica es meramente informativa y está sujeta a cambios y modificaciones sin previo aviso y por ende no constituye una oferta comercial ni se puede asimilar a ella. Para mayor información consulte nuestra red de distribuidores.

Actualidad
De la restricción a la feria: Expo 2Ruedas Bogotá enciende motores
Mientras el Distrito endurece las medidas de control y el fantasma de las restricciones de Halloween revoluciona los chats de los motociclistas, la industria saca músculo en Corferias. Con la apertura oficial de la Expo 2 Ruedas Bogotá, el sector de las dos ruedas demuestra una vez más su resiliencia. Analizamos el choque entre la cruda realidad del tráfico capitalino y la fiesta comercial que busca encender las ventas en el cierre de año.

El motociclista capitalino vive una relación tormentosa con su entorno. Por un lado, la velocidad promedio en los principales corredores de Bogotá —como la Avenida Boyacá, la NQS o la Calle 80— apenas roza los 18 km/h en horas pico. En ese mar de fango, obras inconclusas y trancones interminables, la moto se mantiene como la única alternativa viable. Así, miles de trabajadores, estudiantes y repartidores no pierden cuatro horas diarias de su vida en el transporte público.

Por el otro lado, la coyuntura de fin de octubre vuelve a poner a los usuarios de dos ruedas en el ojo del huracán. Además, las medidas de control anunciadas por las autoridades para las noches de Halloween —motivadas por las caravanas informales y los desórdenes viales— terminan salpicando a la inmensa mayoría de motociclistas honestos. Ellos solo buscan regresar a casa o cumplir con sus jornadas laborales.

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Es precisamente en este ambiente de estigmatización y presión regulatoria donde la Expo 2 Ruedas Bogotá cobra un valor simbólico y estratégico enorme. Cruzar las puertas del recinto ferial es pasar del asfalto hostil a un espacio donde la cultura motociclística, la ingeniería y el desarrollo económico se muestran en su máxima expresión.
La vitrina comercial: el trimestre donde las marcas se juegan el año





Desde la perspectiva económica, la fecha del evento es estratégica. El último trimestre del año representa entre el 28% y el 35% del volumen de ventas anuales para la industria de motocicletas en Colombia. Tras un año marcado por la cautela en el gasto de los hogares, la fluctuación en las tasas de interés para créditos de vehículo y la presión fiscal, las ensambladoras nacionales e importadoras necesitan un remate de año agresivo.
Durante los días de feria, el público visitante no solo se encontrará con puestas en escena espectaculares, sino con una auténtica «guerra de ofertas» motivada por:
- Planes de financiación exprés: entidades crediticias y financieras propias de las marcas instaladas directamente en los stands. Además, ofrecen aprobación inmediata con requisitos flexibilizados para sectores de ingresos medios e informales.
- Bonos de matriculación y descuentos directos: estrategias de precios para evacuar inventarios de modelos de entrada y cilindradas medias antes del cambio de año modelo.
- Kits de accesorios de regalo: la inclusión de cascos reglamentarios con certificación (ECE 22.06), indumentaria reflectiva o chalecos de protección. Son el gancho definitivo para cerrar el negocio en el piso de venta.
Ejes clave que dominarán los pabellones
Para el aficionado que acuda a Corferias, la feria no será homogénea. Hay tres grandes vectores tecnológicos y comerciales que definirán la oferta de esta edición:
El dominio de la baja y media cilindrada (100 cc a 300 cc)
Aunque las motos de alta cilindrada se roban las fotos y las miradas, el verdadero músculo financiero de la feria está en el segmento utilitario y street. Modelos enfocados en la economía de combustible, la durabilidad mecánica y el bajo costo de mantenimiento serán los protagonistas. Además, veremos la consolidación definitiva de la inyección electrónica (FI) y los sistemas de frenado combinado (CBS) o ABS monocanal en modelos que antes prescindían por completo de estas tecnologías.
El equipamiento de protección: de la obligación a la conciencia
El mercado de accesorios ha dado un salto cualitativo enorme en Bogotá. La presencia de marcas de cascos, chaquetas con protecciones certificadas, guantes con deslizadores de palma y calzado especializado ocupará un porcentaje significativo de la muestra. La conversación ya no es solo «comprar la moto», sino salir del concesionario adecuadamente protegido para enfrentar la dureza del asfalto bogotano.
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Movilidad eléctrica y soluciones urbanas
Aunque la combustión interna sigue reinando de forma aplastante en el país, el segmento de ciclomotores y scooters eléctricos gana terreno de manera silenciosa para trayectos de corta distancia (last-mile). Así, se libran de restricciones de combustible y ofrecen costos por kilómetro sumamente competitivos para el usuario urbano.
Mientras en las calles de la capital se redactan decretos y se imponen retenes, en la Expo 2 Ruedas Bogotá la industria demuestra que la motocicleta no es la causa del caos urbano, sino la herramienta con la que se mueve la economía de la ciudad.

Veredicto PubliMotos
La edición de la Expo 2 Ruedas Bogotá llega en el momento justo para tomarle la temperatura a la cultura motera de la capital. Asistir a la feria es una oportunidad inmejorable para comparar en un solo lugar la oferta del mercado, aprovechar las promociones de fin de año y, sobre todo, reafirmar que la comunidad motera de Bogotá es un motor económico y social imparable. Así, merece respeto y mejores políticas de movilidad.
Actualidad
Cultura Scrambler y Neo-Retro: el fenómeno que transformó la vitrina colombiana

Durante años, tener una motocicleta con aspecto clásico, farola redonda, tanque de lágrimas, fuelles en la suspensión delantera y escapes elevados significaba una sola cosa: comprar una moto de segunda mano de los años 80. O meterse en un taller de customización artesanal a gastar una fortuna, lidiando con carburadores mañosos y sistemas eléctricos que fallaban bajo la lluvia bogotana.

Hoy el mercado cambió radicalmente. Las marcas entendieron que el consumidor moderno no solo se transporta, sino que quiere proyectar un estilo de vida. Así nacieron las Neo-Retro y Scrambler de fábrica: máquinas con ingeniería moderna, inyección electrónica, frenos CBS o ABS y normativas ecológicas vigentes. Sin embargo, están envueltas en una coraza estética que huele a nostalgia pura.
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El encanto visual frente a la cruda realidad del tráfico urbano
Para nadie es un secreto que una Scrambler o una Cafe Racer enciende miradas en cualquier semáforo. Ver una silueta limpia, un manubrio tipo tracker y unos neumáticos mixtos con tacos genera sensaciones únicas. Sin embargo, cuando se traslada esa máquina al uso diario en nuestras ciudades —enfrentando trancones, huecos, lluvias torrenciales y la necesidad imperiosa de llevar la maleta de trabajo—, empiezan los verdaderos debates del motociclista práctico:
La ergonomía y el colín recortado: Muchos diseños apuestan por asientos planos o monoplazas muy estilizados que, si bien lucen increíbles, pasan factura en trayectos largos. También resultan incómodos cuando toca rodar a Duitama o Girardot con acompañante.
La protección contra los elementos: Las líneas minimalistas de estas motos suelen prescindir de carenados frontales o salpicaderas envolventes. En una tormenta bogotana, el agua y el fango no perdonan ni los zapatos ni la chaqueta.
El dilema del maletero: Ponerle un baúl rígido (top case) a una Scrambler o a una moto clásica es, para muchos puristas, un sacrilegio estético. Sin embargo, prescindir de él obliga al motociclista a cargar una maleta en la espalda todo el día.
¿Qué se está moviendo (y qué no) en Colombia?
El mercado nacional ha sabido responder a esta demanda con opciones variadas, aunque no todas logran sobrevivir al ritmo implacable de las vitrinas. Aquí está la radiografía real de los modelos que marcan tendencia en el asfalto colombiano:
- Royal Enfield Hunter 350 / Classic 350 / Scram 411: La marca británica con alma india se mantiene como la reina indiscutible del bloque Neo-Retro en el país. Ofrece motores de cilindrada media con presencia imponente, un torque delicioso para lidiar con el tráfico urbano y acabados mecánicos muy honestos. Por eso, sigue conquistando compradores.

- Honda CB 350 H’ness / CB350RS: La apuesta japonesa que mezcla la confiabilidad legendaria de Honda con líneas puramente clásicas. Logra enamorar a los puristas que exigen tecnología moderna sin renunciar al cromo y a la estética de antaño.

- TVS Ronin 225: Una propuesta fresca que mezcla conceptos de cruiser, street y scrambler, muy bien equipada tecnológicamente (conectividad, modos de manejo, ABS) y con una estética diferenciadora. Así, pisa fuerte en el segmento medio.

- Benelli Leoncino (500 y 800) y el filtro de la realidad: Aunque la marca italiana tuvo momentos de mayor baraja, hoy su apuesta se concentra en las cilindradas altas de la familia Leoncino. Modelos de antaño como la Imperiale 400 no cuajaron en el mercado local y salieron de las vitrinas. Eso demuestra que el consumidor colombiano de este segmento es cada vez más exigente en relación costo-prestaciones. (Modelos icónicos de entrada como la recordada Victory Bomber 150 ya cumplieron su ciclo y salieron del mercado hace un par de años, dejando vacíos que hoy ocupan otras propuestas).

- Vento Presley 200 y Vento Screamer Sportivo 250 EFI: La apuesta por lo clásico y audaz encuentra aquí un segundo aire muy interesante. La Presley 200 le apunta directo a ese usuario que busca una estética vintage muy marcada para moverse con elegancia por la ciudad. En cambio, la Screamer Sportivo 250 EFI inyecta una vibra mucho más agresiva y moderna con inyección electrónica. Así, demuestra que la corriente neo-retro/sport sabe adaptarse a lo que pide el bolsillo y el acelerador en Colombia.

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- Husqvarna Svartpilen / Vitpilen: Si bien se mueven en un terreno más vanguardista, mezclando conceptos scrambler/cafe racer con un diseño futurista y radical de altas prestaciones, siguen siendo una opción de nicho. Esto es importante para quienes buscan diferenciarse a toda costa en los semáforos.

Las motos Neo-Retro y Scrambler demostraron que la gente no solo compra transporte, compra una narrativa. El reto está en saber si la estética de vitrina aguanta el trote pesado del día a día en la calle.

Veredicto PubliMotos
El fenómeno de las Neo-Retro y Scrambler llegó para quedarse porque atiende una necesidad emocional que las motos utilitarias tradicionales ignoran por completo: la personalidad. En este sentido, comprar una moto de estas es aceptar un pacto donde el diseño manda. Pero la oferta actual en Colombia demuestra que ya no hay que sacrificar la confiabilidad mecánica de un motor moderno.
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Hecho en Colombia: la verdadera ventaja de comprar una moto con respaldo y repuestos locales
Comprar moto en Colombia ya no es solo cuestión de diseño o potencia. Frente a la volatilidad del dólar y los fletes, la verdadera diferencia está en el origen del ensamblaje. Analizamos por qué las marcas que producen localmente ganan la partida en precio, disponibilidad de repuestos y respaldo real.

Durante décadas, el comprador de motocicletas en el país miraba con cierto recelo los productos que salían de las líneas de montaje locales. Esto alimentaba el mito urbano de que «lo importado CBU (Completely Built Up) de origen venía mejor armado». Hoy, la realidad de la industria motociclista colombiana ha dado un giro de 180 grados. Con complejos industriales de última tecnología ubicados en departamentos como Antioquia, Caldas, Valle del Cauca y Cauca, Colombia se ha consolidado como el segundo ensamblador de motocicletas más importante de América Latina. Solo está por detrás de Brasil. Además, comprar una moto con respaldo y repuestos locales es ahora sinónimo de garantía y calidad.

Esta infraestructura no es solo un motivo de orgullo industrial; es la columna vertebral que sostiene la movilidad de millones de colombianos. En un contexto global donde las cadenas de suministro internacionales sufren interrupciones constantes, las marcas que dependen de traer motos terminadas metidas en un contenedor enfrentan un riesgo enorme. Ese riesgo es quedarse sin inventario de vitrina y, lo que es peor, dejar a sus clientes varados meses enteros por un simple empaque de culata o una manigueta de freno. Por estas razones, comprar una moto con respaldo y repuestos locales representa una decisión inteligente y segura.
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El modelo CKD: la clave de la competitividad fiscal y el precio final
Para entender por qué una moto ensamblada en el país suele ofrecer una mejor relación costo-beneficio, hay que mirar la estructura tributaria y logística. La importación de vehículos completos (CBU) paga aranceles e impuestos significativamente más altos que la importación de partes desagregadas bajo el esquema CKD (Completely Knocked Down).
Al integrar piezas de manufactura nacional (como baterías, llantas, asientos, cableados, defensas o componentes plásticos), las ensambladoras locales no solo reducen la carga arancelaria, sino que dinamizan la economía nacional. Además, esa eficiencia impositiva se traduce de manera directa en el precio final de venta al público en la vitrina. Así, permite a las marcas locales ofrecer motocicletas mejor equipadas por el mismo presupuesto que una importada «pelada». Sin embargo, comprar una moto con respaldo y repuestos locales sigue siendo clave para el usuario exigente.
La batalla decisiva: el stock de repuestos en bodega nacional
El verdadero dolor de cabeza del motociclista no ocurre el día que firma las escrituras en la vitrina. Es seis meses después, cuando sufre una caída menor o requiere un mantenimiento preventivo riguroso. Aquí es donde el ensamblaje nacional aplasta a la importación directa:
- Tiempos de entrega: Una ensambladora local mantiene bodegas de almacenamiento de partes con miles de referencias listas para despacho nacional en 24 a 48 horas. En contraste, las marcas que importan el vehículo completo suelen manejar pedidos de repuestos por barco o avión. Esto convierte una reparación de rutina en una espera de dos a cuatro meses.
- Garantía y soporte de fábrica: Las plantas locales cuentan con ingenieros de campo y centros de capacitación técnica que entrenan directamente a los mecánicos de la red de concesionarios. Así, cuando surge un problema de lote o una falla recurrente de calidad, la fábrica en Colombia tiene la capacidad de implementar un boletín técnico o una campaña de servicio (recall) en tiempo récord.
- Red de distribución capilar: El músculo financiero de las ensambladoras tradicionales les permite llegar con vitrinas y talleres autorizados hasta los municipios más apartados de la geografía nacional. Esto asegura que el usuario encuentre consumibles básicos (filtros, pastillas, guayas) en la tienda de repuestos del barrio.

El reto de la percepción y el control de calidad
A pesar de las ventajas evidentes en posventa y precio, la industria de ensamblaje nacional enfrenta el desafío constante de mantener estándares de calidad idénticos a los de las casas matrices en Japón, India, China o Europa. Los procesos de torque de chasis, pintura robotizada y pruebas de banco dinámico al final de la línea son cada vez más estrictos. Se eliminan progresivamente los viejos desajustes de pernería o acabados que afectaban a los modelos de antaño. Asimismo, comprar una moto con respaldo y repuestos locales significa tener acceso confiable a mantenimiento y reparación.
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Una moto no se juzga solo por lo rápido que anda en el catálogo de vitrina, sino por la velocidad con la que su ensambladora pone un repuesto en el mostrador del taller cuando lo necesitas.

Veredicto PubliMotos
El mercado colombiano maduró y el usuario aprendió a leer las letras chiquitas de la posventa. Aunque la tentación de adquirir un modelo de importación exclusiva con estética llamativa o ficha técnica de papel es grande, la tranquilidad de contar con una planta de ensamblaje en el país sigue siendo el argumento más sólido a la hora de desembolsar el dinero. Por ello, apoyar la industria nacional no es solo una cuestión de preferencia económica; es la garantía de que tu herramienta de trabajo o tu moto de viaje no se va a convertir en un florero de garaje por falta de respaldo técnico. En definitiva, comprar una moto con respaldo y repuestos locales es invertir en tranquilidad y respaldo continuo.
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