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¿Se puede correr en moto con un perro? Sí y se hizo leyenda

¿Se puede competir en moto con un perro? La respuesta es sí. Y por eso vale la pena recordar a Kookie, un perrito criollo que, junto a su dueño, John McCown, participó en más de 300 carreras. Y no iba en un tráiler ni en una adaptación de la silla trasera: iba encima del tanque de la motocicleta.

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Un copiloto sobre el tanque

Kookie aprendió a convertirse en un verdadero copiloto. Según los relatos, en los terrenos sinuosos se pegaba contra el tanque y se inclinaba en las curvas. Cuando el terreno se ponía más difícil, apoyaba sus paticas delanteras y resistía los golpes como si fuera parte de la propia amortiguación de la moto.

Todo esto, con las orejas al viento, la lengua afuera, el ruido, el polvo y las carreras.

La dupla que llamó la atención del motociclismo

La historia llamó tanto la atención que marcas como Kawasaki y Can-Am se interesaron por esta particular dupla. También llegaron a aparecer en producciones relacionadas con el motociclismo, incluido documentales, convirtiéndose en referentes y llamando la atención a nivel mundial… El perro y la moto.

El retiro de Kookie, el inicio de la leyenda

Porque retirarse no significó dejar de ser compañero.

Durante años, Kookie estuvo al lado de McCown en cientos de carreras. Aprendió a confiar en él, a entender sus movimientos y, de alguna manera, a hacer algo que los perros saben hacer mejor que nadie: acompañar.

No necesitó entender qué era una carrera. No necesitó saber cuántos kilómetros habían recorrido. Simplemente sabía que su lugar estaba ahí, junto a la persona que quería.

John McCown murió en 2011, pero la historia de ambos quedó en la memoria del motociclismo y llegó al Hot Shoe Hall of Fame, dedicado a preservar la historia de las carreras de motos.

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Y quizá por eso Kookie sigue siendo recordado.

No solamente por las más de 300 carreras.

No solamente por las fotografías con las orejas al viento.

Sino porque representa algo que quienes tenemos un perro entendemos perfectamente: ellos no necesitan saber hacia dónde vamos para decidir acompañarnos.

Y tal vez esa sea una de las cosas más bonitas de los perros.

Nosotros creemos que somos quienes los llevamos a conocer el mundo, pero muchas veces son ellos quienes hacen que nuestros recorridos tengan sentido.

Kookie corrió hasta que llegó el momento de retirarse. Después simplemente siguió haciendo lo que había hecho toda su vida: estar al lado de su mejor amigo.

Y quizás esa sea la verdadera enseñanza de esta historia.

No importa cuántas carreras ganemos, cuántos kilómetros recorramos o qué tan lejos lleguemos. Al final, lo que realmente importa es quién estuvo a nuestro lado durante el camino.

Y Kookie estuvo ahí.
Este artículo me hace, personalmente, pensar en Kyra y Lluvia, que, a parte de mi pasión de las dos ruedas, también son mi motivación de llegar a casa.

Artículo de Karim chala, Periodista de PubliMotos y dueño de dos perritas.

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